Angelina o el honor de un brigadier, nace como propuesta artística de la necesidad de dar a conocer uno de los textos de Jardiel Poncela menos representados en nuestros días.
“Angelina” es también uno de las obras más delirantes y originales del dramaturgo madrileño, pionera dentro del teatro de humor en España, por sus aportaciones vanguardistas al lenguaje, su originalísimo concepto del
humor, y la renovación en los comportamientos sociales de sus personajes.
Sobre el telón de fondo de 1880 con sus duelos a pistola, sus damitas de salón, sus caballeros engominados, sus militares, sus batallas y todo el oropel que quedaba del Imperio, Jardiel va más lejos. Sabe que un tiempo
nuevo llama a la puerta y con el mecanismo preciso de su humor explosivo se atreve a ofrecernos nuevos puntos de vista sobre el conflicto del varón burlado, el drama del donjuanismo o la incipiente emancipación de las
mujeres. Una vuelta de tuerca magistral sobre la eterna lucha de contrarios:padres/hijos, marido/mujer, progreso/inmovilismo, tradición/vanguardia.
Al escribir Jardiel este drama en verso, no sólo crea una de las mejores piezas del teatro de humor de todos los tiempos, sino también una obra excepcional, de gran actualidad, con conflictos del siglo XXI, pero muy
arraigados en la cultura española.
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PALABRAS DEL DIRECTOR
Todo es teatro. En el escenario, otro escenario. Telones pintados, trampantojos y candilejas con su luz dorada y temblorosa. Y las sombras, personajes con sombra. Es otro tiempo, un siglo lejano, para Jardiel, las postrimerías de la época colonial española. Transposición teatral de la memoria. Angelina transcurre en la primavera de 1880. Un tiempo nuevo llama a la puerta. Renovarse o morir, aunque morir de risa. Jardiel trae humor nuevo, el tinglado de la antigua farsa cruje y descubrimos atónitos que lo que relucía no era oro, es latón. Y se oxida. Este humor ventila, airea, ilumina, hiere, purifica y es un gratificante distanciamiento para revisar los mitos y las grandes palabras, ya tan polvorientas, que durante siglos, guardadas en escapularios, fueron santo y seña de este pueblo y de su teatro. Ironías del tiempo. Lo que hoy es humor, ayer fue llanto.
ANGELINA EN HOLLYWOOD
La primera etapa hollywoodense de Jardiel se desenvuelve entre septiembre de 1932 y mayo de 1933. El contrato que firma con la Fox Film Corporation le proporciona la categoría de dialoguista y adaptador.
Posteriormente, Jardiel vuelve a España, pero la compañía Fox Movietone decide contratarlo para otro trabajo de adaptación, llevado a término a comienzos de 1933, en los estudios parisinos de Billancourt. El resultado es una serie de seis cintas que lleva por título Celuloides rancios, y que no es otra cosa que un ciclo de melodramas mudos, muy artificiosos, a los que Jardiel ha añadido divertidos comentarios. Los mecanismos que entran en juego en estos folletines —la estilística de la intriga, el lance imprevisto—
inspiran al escritor un proyecto teatral que estrena poco después, Angelina o el honor de un brigadier (1934).
En julio de 1934 regresa a Hollywood, y en enero de 1935, Louis King da la primera vuelta de manivela en el rodaje de Angelina o el honor de un brigadier, adaptación de la obra homónima que firman Jardiel y Betty Reinhardt. Se trata, sin duda, de una cinta singular, no ya por incluir en su reparto a estrellas como José Crespo, Juan Torena y Rosita Díaz Gimeno, sino por tratarse de una pieza en verso llena de peripecias
inauditas, a buen seguro incomprensible para su director y para todo el equipo técnico anglosajón.
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