Pero en esa Argentina turbulenta, que se adentra sin remedio en una larga noche de violencia y de muerte, el crimen, la justicia, la política y la venganza son vientos demasiado poderosos como para que los personajes puedan escapar a esas fuerzas.
Espósito no escribe escribe porque sí. Aunque le cueste reconocerlo, escribe para una mujer de la que está calladamente enamorado desde hace demasiado tiempo. Una mujer que ha compartido con él esa historia.
Pero las cosas resultan mucho menos sencillas que lo que Espósito ha querido imaginar: el ejercicio de la memoria no solo ilumina el pasado. También echa una luz descarnada sobre Espósito y su acto de memoria: sus acciones, sus decisiones, sus irreparables equivocaciones.
Los recuerdos no son una mansa superficie sobre la que yace la verdad para que Espósito la recoja. Son caminos oscuros y sinuosos. Y la verdad que se oculta detrás de ellos es mucho menos sencilla que lo que Espósito ha imaginado. Sin embargo sabe que tendrá que persistir hasta el final: para entender lo que ocurrió, para comprenderse a sí mismo, y para enfrentar de una vez por todas a esa mujer que ama.
Trabajan juntos para encontrar la llave que libera las defensas de Voldemort y, para este fin, Dumbledore cuenta con su viejo amigo y colega, el sibarita, confiado e influyente profesor Horace Slughorn