Pero en plena gloria, tras renunciar a separarse de sus músicos judíos, entre los que estaba su mejor amigo Sacha, fue despedido. Treinta años después, sigue trabajando en el Bolshoi, pero ahora…. como limpiador. Una noche que Andrei se queda hasta tarde sacando brillo al despacho del jefe supremo encuentra un fax dirigido a la dirección del Bolshoi: se trata de una carta del Teatro de Châtelet invitando a la orquesta oficial a que vaya a dar un concierto a París…
De repente, a Andrei se le ocurre una idea loca: ¿por qué no reunir a sus antiguos compañeros músicos, que viven de hacer trabajillos y chapuzas, y llevarlos a París, haciéndoles pasar por el Bolshoi? La tan esperada ocasión de tomarse la revancha por fin ha llegado.
¿Cómo nace el proyecto?
Primero se puso en contacto conmigo un productor, que me propuso una sinopsis escrita por
dos autores jóvenes: se trataba de una falsa orquesta del Bolshoi que se presentaba en París.
Me gustaba mucho la idea principal, el resto menos. Así que le pregunté al productor si podía
desarrollar mi propio guión partiendo de esa idea y me dijo que sí.
¿Cómo fue la escritura del guión?
Con mi cómplice Alain-Michel Blanc, primero nos fuimos a Rusia dos semanas para conocer a
las personas en las que, después, se inspirarían los personajes. Estos encuentros dieron lugar a
un gran número de diálogos, escenas e ideas que terminaron tomando cuerpo en el guión. Fue
en 2002, antes del rodaje de Va, vis et deviens.
Cuando en Productions du Trésor retomaron el proyecto del Concierto, nos planteamos rodar la
película en inglés con actores americanos. Por suerte, el destino no lo quiso así y volvimos a los
idiomas originales de la historia: el francés y el ruso. La estructura del guión sufrió otro reajuste
con ese nuevo trío que se formaba: el productor Alain Attal, Alain-Michel Blanc y yo. |