Juan, funcionario de prisiones, se presenta en su nuevo destino un día antes de su incorporación oficial. Allí, sufre un accidente minutos antes de que se desencadene un motín en el sector de los FIES, los presos más temidos y peligrosos.
Sus compañeros no pueden más que velar por sus propias vidas y abandonan a su suerte el cuerpo desmayado de Juan en la Celda 211. Al despertar, Juan comprende la situación y se hará pasar por un preso más ante los amotinados. A partir de ese momento, nuestro protagonista tendrá que jugársela a base de astucia, mentiras y riesgo, sin saber todavía qué paradójica encerrona le ha preparado el destino.
La novela tenía un contundente punto de partida, un universo poderoso, reconocible y humano y estaba construida sobre una tensión asfixiante con algunos giros memorables. Como película, constituía un reto narrativo de primer orden, dejaba poco margen a otra cosa que no fuera despojar la puesta en escena de artificio y poner la cámara al servicio de los personajes. Había por tanto que conseguir un reparto a prueba de bombas. A película terminada, me es difícil imaginar actores más sólidos y adecuados. Empezando por el dúo protagonista, la banda de presos, el grupo de funcionarios y cada uno de los figurantes entregados en cuerpo y alma a esta aventura.
Por mucho que “Celda 211” fuera ficción, el primer paso para recrear una historia ambientada en la supuesta realidad de la cárcel era conocer lo que escondía ese mundo tan cercano a todos nosotros y a la vez tan remoto. A la hora de escribir el guión, Jorge Guerricaechevarría y yo teníamos que saber de lo que hablábamos, incluso para saber dónde mentíamos. Durante el año que nos llevó la escritura, conversamos, visitamos, vivimos y respiramos cuanto pudimos con presos, parientes de presos, funcionarios y educadores cuyo día a día era la cárcel. Todos nos abrieron su mundo con una hospitalidad tan sorprendente como comprensible. Cuando uno vive entre cuatro paredes alejadas del mundo, significa un alivio comunicarse con el exterior… Nos dimos cuenta de que el universo cerrado de la cárcel reflejaba en esencia la misma sociedad que lo genera, aunque de forma condensada. Como nos dijo un preso en la cárcel de Valdemoro, “el mundo de aquí dentro es exactamente igual que el de fuera, sólo que en mp3”. Y casi sin pretenderlo, a partir de nuestras visitas carcelarias –hablar de “inmersión” sería insultante para cualquiera que haya pasado una sola noche ahí dentro- nuestra versión de la historia iba cobrando cierta calidad de parábola.
Crtícinas sobre la película
"Una de las mejores películas que ha hecho el cine español en mucho tiempo" El Pais
"Entretenimiento de principio a fin" EFE
"La película iene un ritmo frenético" El Mundo
"Un milagro que en España salga cine tan bueno como éste" La Razón